En un reciente seminario sobre el sector agroalimentario me encontré y charle con técnicos de banca y de asociaciones empresariales. Todos ellos están esperando invertir y captar inversiones en las exportaciones de alimentos a terceros países. Es uno de los sectores de negocio empresarial y financiero para los próximos años en esta España en intensa devaluación laboral y depresión económica (ambos factores van unidos). Con el consumo interno hundido, los directivos consideran que solo las posibilidades de la exportación pueden activar la demanda de bienes de consumo.
La exportación es necesaria, y para
muchos productores la salvación, además de divisas para el país, pero solo
proporciona soluciones a un reducido sector. La financiación seguirá sin llegar
a otros productores enfocados al consumo local, y el consumo interno seguirá
sin capacidad de ser rehabilitado. La situación requiere una restructuración de
fondo, por la que la financiación pueda llegar a un pequeño productor que
provea al consumidor local los productos que demanda, esto es crear un espacio
de cercanía y fluidez entre la financiación la producción y el consumo, lo que
llamamos un sistema de acortamientos financieros la articulación de sistemas de
acortamiento de las cadenas de producción-consumo puede constituir en nuestra
opinión el gran nicho de oportunidades,
lo que denomina p2p.
Comparto con estos directivos “As
Usual” sin embargo la necesidad de renovar la cultura financiera y las
modalidades de relación entre el ahorro y las inversiones productivas. Solo un
acortamiento de la capacidad refleja inmediata entre el ahorro y la inversión,
sin la pesadez de los sistemas bancarios,
tal y como hacen los sistemas de renta variable (bolsa). Mi propuesta es
que una parte importante del capital ahorrado y no invertido, estaría dispuesto
a reducir sus expectativas de rendimiento del capital, si supiera que activa
una demanda real de consumo y su inversión y riesgo tiene un impacto social.
El único mecanismo es vincular el
ahorro a inversiones en la producción de bienes de consumo que el propio
ahorrador necesite. Este es el mecanismo más corto en tiempo (el tiempo
apremia) y más eficiente, para vincular el ahorro a las demandas reales de
nuevo consumo. Hay que generar un sistema que vincule ahorro e inversión a la
demanda real de consumo enfocado a un cambio de modelo productivo. Cambio que iría más allá de un sistema de
financiación ético como el que actualmente proponen banca ética o los fondos
con responsabilidad social, ya que estos sistemas se basan en garantizar donde se invierten o no se invierte, pero no
en cambiar el modelo de la financiación de la producción.
La banca empieza a entender que
necesita flexibilizarse y democratizarse
para poder articular simultáneamente, y vincular partidas de ahorro a
compromisos de consumo de bienes, pero este giro es imposible si no se crea un
mecanismo nuevo de mediación que oriente este profundo cambio en su relación
con los ahorradores y sus intereses prosociales.
El dinero especulativo ya se ha
marchado, lo que queda en el país en una inmensa masa de pasivos tóxicos, y un
pequeño porcentaje de capital con un claro compromiso productivo. Entre estos últimos
hay dos perfiles: unos, que siguen esperando el máximo retorno –neoBAU-, se
centraran en un modelo de ángeles y
capital riesgo en bienes de alta componente tecnológica y vinculada a la
exportación; los otros aun más minoritarios se centran en un compromiso
productivo ético, que espera impacto en términos de empleo y cambio social más
que de retornos económicos a corto plazo. Este segmento es al que se dirige
PROCURA.
La solución que planteamos es acortar
la distancia entre los actores en el ciclo de producción, acortamiento de
plazos y de intermediaciones, y de convergencia entre las funciones de ahorro,
inversión y consumo que tiene el dinero. De acortamiento en el sentido de que
el ahorrador tiene que poder elegir en que empresas invierte sus ahorros de
acuerdo a su propia demanda de bienes de consumo. Es decir prestar e invertir
en aquellas empresas en la que tenga interes real como consumidor. Parecido al
modelo que de modo exitoso han planteado plataformas de crowdfinance como Kiva
o Kikstart pero unido a la profesionalidad de gestión de procesos y de control
de riesgos, que tiene, o tuvo en su día la Banca.
El actual sistema con especialistas
bancarios encargados de analizar la viabilidad y la demanda real y capacidad de
retorno de los prestamos al beneficiario de un crédito, disponiendo al tiempo
con confianza a discreción por parte de los depositantes, es poco realista y
pesado, por no decir claramente obsoleto.
La desconfianza en la banca, y la urgencia ética de la clase media por
contribuir a paliar en la medida de sus posibilidades (al menos con una parte
de su capacidad de ahorro) la situación de colapso económico, social y político
en que se haya enfilada España, permite tener la esperanza de que un país tan
conservador como España, asome su siempre latente capacidad de flexibilidad y
creatividad, y que lo haga también en el ámbito de las finanzas.
En los sectores con mayor capacidad
de exportación se concentrara una parte de esas nuevas generación de
herramientas (nuevas solo en España) como son los Angeles financeros y los
sistemas de capital riesgo. De modo que
es previsible que en estos productos se centrara una parte esencial de algunos
inversores . Se trata de ahorradores que
asumirán el riesgo con compromiso país, en bienes con tanto impacto
productivo como con expectativas de lucro acordes al riesgo.
Pero además de ellos, sigue
existiendo en España, un tejido financiero, aunque débil y asustado, que puede
enfocarse hacia la demanda real y que a su vez puede reorientar un sistema
enfermo hacia uno mas sano, que pueda ya establecerse sobre bases sólidas,
independientemente se orienten más hacia el consumo interno o al externo. Como la demanda es una de las principales
clave para la viabilidad de cualquier inversión, y en España la demanda se esta
hundiendo en casi todos los sectores, en la practica la mejor estrategia para
acelerar los cambios en modelo productivo
es que el ahorrador decida directamente la empresa en cuyos bienes de
consumo tiene interés. Esto es lo que
banca es incapaz de garantizar, pero en los que una plataforma tecnológica de
nueva generación podría mediar. Una
plataforma matriz en la que el consumidor eligiera que porcentaje de su
deposito destina a que empresa, y que porcentaje de ese préstamo (con un mínimo
del 30% por ejemplo) acepta recibir en forma de consumo de los bienes que esa
empresa ofrece. De este modo acortaríamos las decisiones, reduciríamos las
intermediaciones, y facilitaríamos la orientación al consumo que precisa con
urgencia nuestro colapsado modelo productivo.



